Mochilera principiante: El Bolsón (2º parte)

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Por Inka von Linden

Durante el segundo día de nuestra estadía en El Bolsón, llegaron tres integrantes nuevos y se armó una singular banda viajera: mi prima Magui y su novio Cifo, ambos de Berisso, que andaban con una mansión-carpa para seis (la única que habían conseguido prestada); Jele, una amiga alemana, que con su metro ochenta y ocho llamaba la atención en donde estuviera; el señor Atlántico, que estuvo dos meses trabajando en la Antártida y es todo un aventurero; la señorita Scout, una mochilera experta, que durante su infancia integró las patrullas de los Boy Scout; y yo, una mochilera principiante. Es decir, que más que un grupo de viaje, era un paquete de galletitas surtidas que se formó sin que lo hayamos planeado, ya que entre ellos no se conocían.

Nuestra primera parada no fue al azar, El Bolsón es un punto estratégico donde los mochileros debemos pasar al menos una semana. Ubicada al Sudoeste de la provincia de Río Negro, justo en el límite con la provincia de Chubut, la ciudad es la puerta de entrada a la Comarca Andina integrada por Lago Puelo, El Manso, El Maitén, Cholila, El Hoyo y Epuyén. A su vez, para los más aventureros, hay varios refugios para subir, como el del Cajón del Azul, el más recomendado.

Para nosotros, el camping era como el hogar al que se vuelve hambriento y sucio después de una excursión. Allí sentíamos que nos contagiábamos de la alegría y amabilidad de los vecinos. Durante el día, cada grupo viajero recorría diversos lugares y había poca interacción con los demás, pero al anochecer, después de la cena, llegaba el momento más mágico del campamento: el fogón comunal. En el “diccionario mochilero”, éste se define como el momento que se comparte con un grupo de personas sentadas en círculo alrededor del fuego, iluminadas únicamente por la luz de las llamas y acompañadas por la melodía de guitarras y voces. El dueño del fogón es aquel que mejor sabe manejar estas artes.

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En una de nuestras noches allí, el camping Costa Bolsón festejó su cumpleaños con el espíritu hospitalario que lo caracteriza. Se asó un capón que compartieron entre todos los acampantes e invitaron a tres bandas musicales. Al final, improvisamos una fogata a orillas del río con los pocos que quedábamos del gran festejo y sentados alrededor de las llamas, fuimos parte del episodio más gracioso del viaje: “¿Qué papel?”

“…Baby you can drive my caaar . Yes I’m gonna be a staar…And maybe I’ll love youuuuuu…”- cantaba un canadiense con voz aterciopelada, contagiándonos con el dulce espíritu de los Beatles. Agarrado a su guitarra, Alexis le daba ritmo a la fogata con melodías alegres en inglés y francés. Algunos cantábamos tratando de seguirlo, otros permanecían en silencio y unos pocos interrumpían esa armonía.

– ¡Uh no tengo más papel! ¿Tú tienes parra prrestarme? -exclamó Alex, otro canadiense, señalando a un muchacho que se encontraba al otro lado de la ronda.

-No tengo más- le contestó. ¿Alguno de ustedes dos tiene?- preguntó a los chicos que se encontraban sentados a su lado. Estos negaron con la cabeza.

Nadie tenía. Y el canadiense dejó de insistir. A los pocos minutos, las voces de la guitarreada se apoderaron nuevamente de la noche. Una morocha le pidió la guitarra al canadiense y tomó la posta con un tema de Molotov (contrastes comunes en un fogón comunal). Rompió con el idilio y comenzó a cantar con fuerza y voz grave:

“…La gente de arriba te detesta y hay más gente que quiere que
caigan sus cabezas.
Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a joder,
porque fuimos potencia mundial y somos pobres nos manejan mal.

Dame, dame, dame todo el power para que te demos en la madre,
give me, give me todo el poder so I can come around to joder…”

En ese momento, una de las chicas se levantó y desapareció. Al volver, cruzó por la mitad de la ronda con un rollo de papel higiénico en la mano. Se acercó al canadiense y se lo ofreció.

-¿Y esto?- preguntó sorprendido, mirando al rollo como si se tratase de un objeto de otro universo.- ¿No necesitabas papel?- respondió la muchacha confundida.- ¡Perrro no ese papel! – estalló en risas.Esta vez, la guitarreada se detuvo: la ronda pasó de cantar a reírse sin poder parar. Lo que vale es la intención ¿no?

Consejo MP (mochilera principiante): si usás calentador, procurá ponerlo en lo que quieras calentar y después enchufalo. ¡Y no lo sostengas por nada del mundo con las manos, porque vas a terminar en la salita por quemaduras de tercer grado!

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Siguiente parada de la banda viajera: Epuyen. ¡No te lo pierdas!

Pasaron por aquí y dejaron su firma...

One Comment:

  1. Me gustaría contactarme con personas que vayan o estén el El Bolsón ya que es la primera vez que voy a ir sola. Gracias y espero su respuesta.

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