María Elena Walsh y la magia de seguir jugando

El teatro municipal Coliseo Podestá es el escenario elegido para “Canciones para mirar”, una obra donde los actores vuelven a ser niños para divertirse e interpretar las más inolvidables y vigentes letras de la cantautora.

 

Por Bárbara Dibene

Fotos: Teatro municipal Coliseo Podestá

A oscuras esperamos ansiosos. Vemos la orquesta, la puesta con su sol y luna en movimiento, los chicos que se estiran para intentar descubrir un movimiento. De pronto, comienza la música y aparecen ellos: Don Agapito (Fabián Mazzei), el domador (Nicolás Serraiti), la bailarina (Manuela Nuñez)), la mimo (Micaela Sigalov) y el equilibrista (Nacho Francavilla); todos esperan a Doña Moron Danga (Julieta Gonçalves).

A partir de allí comienzan los cuadros con las canciones más entrañables de María Elena Walsh, como Canción del jardinero, la familia Polillal, La vaca estudiosa, La mona Jacinta y Canción de bañar la luna. Todas son interpretadas por los personajes circenses que cantan, bailan y proponen un viaje por “El reino del revés”.

¿Pero cuándo comenzó todo? varios meses antes, cuando se realizó una convocatoria abierta para elegir a los protagonistas de la obra  “Canciones para mirar”, que se estrenó el pasado 15 de julio y podrá verse hasta el 29 con una función gratuita diaria (menos los lunes) a las 16.

“La audición fue divertida y dinámica, cargada de la buena energía que caracteriza a Gastón Marioni (director general)”, recuerda Micaela Sigalov, que asume el rol de una mimo que provoca mucha ternura. “Me divierte mi personaje porque puedo jugar con él. Soy un mimo que se quiere hacer entender, que a veces canta (y le encanta) y que, a falta de palabras, se comunica a través de los gestos. Esto, como actriz, me hace trabajar la parte gestual de una forma muy intensa e interesante. Es una exploración constante”.

Nacho Francavilla, por su parte, llegó a la audición gracias a un amigo guitarrista, con quien había hecho algunos conciertos con canciones de María Elena Walsh junto a otra amiga. “Yo llevé la canción del jardinero y una puesta que preparé”, rememora el actor, que finalmente consiguió el papel de Alex, el equilibrista.

“Lo que me divierte del personaje es que es muy creído y muy narcisista. Algo que en la vida no soy. Jugar a eso, a creerme mil es muy gracioso. Alex dice lo que quiere cuando quiere, es muy verborrágico”, confiesa. “La inocencia me conecta con él. Está permanente en estado de risa, de juego, de tomarse todo con humor. Yo era muy inocente de chico. Jugaba mucho solo. Ahora lo sigo siendo pero adulto. Hacer la obra me reconectó con ese niño”.

Tanto Micaela como Nacho no pueden ocultar su alegría al hablar de María Elena Walsh y sus canciones, que los hicieron divertirse en su infancia y reflexionar con el paso del tiempo.

“María Elena me conecta con mi infancia y lo hermoso es que me conecta a mí y conecta a los otros actores, a los que están trabajando en la técnica, a los músicos, a mi director, a los espectadores…. En fin, Maria Elena y su música son parte de infinita cantidad de infancias y ser consciente de eso me emociona mucho a la hora de subir al escenario”, dice Micaela. Nacho agrega que Walsh siempre fue una mujer “vocera de muchas verdades durante momentos difíciles” y alaba los grandes valores que dejó para todas las generaciones. Es que es indudable que logró transgredir, ilustrar, emocionar, divertir y enseñar desde la dulzura y el absurdo.

¿Y por qué hacer una obra para chicos? Para Micaela, porque son parte de la propuesta, se ríen, comentan, bailan. “Cada una de sus intervenciones forman parte del mundo que estamos creando”. Nacho, en tanto, confía en que hay que proteger el futuro despertando la conciencia en lo más chicos -los adultos del mañana- y por eso es bueno mostrarles que hay personas que eligen vivir desde el amor. “Con pequeñas acciones se puede modificar el entorno y hacer del mundo un lugar mejor, más feliz y lleno de sonrisas, como diría María Elena”.

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La obra cuenta con la dirección musical de Damián Mahler, y la dirección general y coreografías de Gastón Marioni. Asimismo, la orquesta en vivo está compuesta por Emilio Rivas (bajo), Jorge Giorno (batería) y Joaquín Blas Pérez (saxo). El diseño de escenografía está a cargo de Martina Urruty, y el diseño de vestuario María Cristina Di Bartolo.

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