Vacaciones en código para los más chicos

Durante seis encuentros, chicos de entre 6 y 11 años vivieron la emoción de desplegar su creatividad y su interés por la tecnología en clases donde se cruzaron el arte, el diseño, la interactividad y sobre todo, la libertad para crear. El promotor de esta “escuela”, uno de los docentes y los chicos hablan de la experiencia que culminó el viernes 28 de julio pero esperan con ansias repetir.

 

Nota e imágenes: Bárbara Dibene

El murmullo se extiende por una de las enormes aulas de la sede Fonseca de la facultad de Bellas Artes (FBA) de la UNLP. Varios grupos de chicos tienen entre manos cables de colores y frente a ellos, en la pc, ayuda extra para dejar a punto su sistema Arduino, una plataforma electrónica de código abierto.

Los docentes pasan por las mesas de trabajo y atienden a las preguntas, explican e invitan a volver a probar, pues esa es la premisa: aprender en base a la experiencia y en forma colaborativa.

La veintena de niños es parte de la primera camada de la “Escuela de arte y tecnología con chicos”, una actividad propuesta por el departamento de Diseño Multimedia de la FBA y lanzada desde la Secretaría de Extensión de la misma institución durante las dos semanas de vacaciones de invierno.

Christian Silva, docente en la Licenciatura en Diseño y comunicación multimedial y promotor del proyecto, explica que hace tiempo venía pensando la idea y que este año se pudo concretar tras encontrar el marco institucional y reunir a un equipo de gente de diferentes disciplinas que deseara participar: Adelina Bauger (maestra de la escuela Anexa y estudiantes de Letras de la UNLP) y Matías Jauregui Lorda (docente en Multimedia) para trabajar las narrativas digitales, Cecilia Codina (enfocada en la expresión corporal) y Victoria Dallachiesa (especialista en el software Moldeo) para explorar la escena interactiva, y Anabela Cathcarth (diseñadora multimedial, especialista en Arduino), Uriel Rubilar (diseñador multimedial) y Julián Chambó (compositor y docente e investigador en la UNLP) para experimentar con la música. También fue parte del equipo María Marta Torrecilla (profesora de danza del UNA).

El objetivo de los talleres, que se extendieron durante seis encuentros de cuatro horas (uno por semana a cargo de cada pareja docente), fue que las chicos aprendan a comunicarse y expresarse a través de la tecnología digital y las redes; incorporen la tecnología como un dispositivo de comprensión del mundo que los rodea; y mejoren el desarrollo de habilidades blandas tales como la empatía, la responsabilidad y el pensamiento crítico.

“Notamos que había una gran demanda porque se anotaron muchos chicos y los adultos nos preguntaron si la actividad se iba a repetir a lo largo del año”, dice Christian, que se mostró muy contento con el espacio que se generó y no descarta readecuar la propuesta para que se transforme en cuatrimestral.

Tras dos horas de taller, los chicos tienen recreo y salen rápido al pasillo. Algunos toman gaseosa y comen galletitas para la merienda, otros enseguida se sientan a jugar en ronda, y los más inquietos improvisan una “mancha”.

“Lo mejor de ellos es que no tienen prejuicios. Tocan y prueban, si se equivocan no tienen problema en preguntar”, sonríe Christian, que les pide a los chicos que cuenten qué es lo que más les gustó de la experiencia.

Justina (11) y Renata (7) están abrazadas y se acercan para contar con emoción que en una clase anterior hicieron dos videojuegos, “ciudad volcán” y “ciudad luna”, donde tuvieron que dibujar y programar utilizando Scratch, un lenguaje de programación muy sencillo y también de código abierto. Además, cuentan que se conocieron esas semanas y se hicieron muy amigas, y que se si repitiera les van a pedir a sus papás que las vuelvan a llevar.

Trabajos en Scratch: https://scratch.mit.edu/users/eARTchicos/projects/

Jacian, Pedro y Natan son algunos de los chicos que asistieron a las dos semanas de la “escuela” (otros participaron sólo una, teniendo una clase de cada uno de los tres talleres). Entusiasmados dicen que disfrutaron todo lo que hicieron, que al llegar a sus casas les contaban a sus papás –y explicaban lo que ellos no entendían- y que “de grandes” les gustaría poder estudiar algo referido a lo que aprendieron.

Algunas de las actividades, además de la creación de un videojuego con sus respectivos personajes, escenario y conflicto a resolver, fue el trabajo con la voz y sensores, la creación de instrumentos con lápices, anillos y otros objetos que tenían con ellos, y convertirse en “DJ” por un rato gracias a Arduino.

Tras veinte minutos de charla y juegos -porque no hay que olvidar que “vienen a jugar”, como dice sonriente Victoria Mc Coubrey, Secretaria de Extensión- todos vuelven al aula para seguir con los docentes en el último encuentro de estas vacaciones.

“Están enganchados y eso se nota”, afirma el profe Julián, que enseguida pasa por las mesas de trabajo para terminar la tarea y esperar a los padres, que hoy se sorprenderán al ver todas las producciones de sus hijos juntas  y sabrán cuánto han crecido y aprendido en grupo, jugando y compartiendo con creatividad y la guía de unos profesionales muy motivados.

 

 

 

Pasaron por aquí y dejaron su firma...

One Comment:

  1. Marta R. Burgos de Torrecilla

    Muchas felicitaciones para todo el equipo,en especial para el promotor del Proyecto, Christian Silva !!!! Que se repita !!!!

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