Vivir en gratitud: tres experiencias sobre reconocer y agradecer

365 regalos, una forma de vivir en gratitud

María Elena, Diego y Juan Ignacio todos los días descubren un regalo en la vida. A veces luminoso, como un encuentro que te saca una sonrisa; otras, oscuro, como la incertidumbre, que al fin y al cabo también deja un aprendizaje. Y para no olvidarlo, siempre lo ponen en palabras. En diálogo con Transeúntes, desde España, la colombiana y los argentinos dan cuenta de todo lo que puede generar ser agradecido.

 

Por Bárbara Dibene

La gratitud es el sentimiento que una persona experimenta al estimar el favor o beneficio que alguien le ha dado. Por ese efecto, la persona quiere agradecer lo recibido: ya sea diciendo ‘gracias’, teniendo un gesto o haciendo un regalo. Parece simple, pero a veces la vorágine diaria aplasta la “memoria moral de la sociedad”, como define el sociólogo George Simmel a esta emoción cuya existencia ayuda a centrarnos en lo bueno del presente y apreciar la vida.

María Elena Cruz ama vivir y lo hace intensamente. Hace cinco años, la colombiana vivía en la ciudad de Buenos Aires e impulsaba el Movimiento Darte, un emprendimiento solidario de cuadernos realizados con papel reciclado que también incluyó talleres en escuelas sobre encuadernación y cuidado del medio ambiente en todo el país. Ahora, se encuentra en España y durante el 2018 se dedicó al proyecto “365 regalos”, un diario de gratitud donde todos los días escribió aquello que reconocía como un regalo.

María Elena Cruz, creadora de "Movimiento Darte"

María Elena Cruz, creadora de “Movimiento Darte”

“Durante 2017 estuve viajando sola por México. Y a fin de año agradecí mucho todo lo que me había pasado. Fue como un flash. Vi lo bueno y lo no tan bueno, de lo que también aprendí. Reconocí que soy una persona afortunada por el solo hecho de estar viva”, recuerda María Elena.

“A medida que fui descubriendo regalos empecé a tener una sensación muy bonita. Me sentí expectante. Empecé a levantarme pensando en qué era lo bonito que iba a recibir ese día”, agrega. “Vi profundamente que creer es crear. Eso me llevó a empezar a leer y comprender un montón de cosas que fui cambiando a nivel corporal, espiritual y mental. Empecé a experimentar muchas emociones y muchos cambios”.

La gratitud requiere de la observación, de la contemplación y el reconocimiento. Por eso, María Elena entiende que los detalles son fundamentales. “Imaginar cómo sería la vida sin determinada cosa” puede ser un puntapié para agradecer por lo que tenemos: afectos, cuerpo, alimento, hogar, trabajo, salud, creatividad. Y también es importante aceptar el desafío de entender lo malo como algo que no depende de uno, sino que está sujeto a nuestras reacciones; y el de confiar. “Cuando confiamos en nosotros, en la vida, en la naturaleza y en los demás, todo fluye de una manera mágica”.

En línea con el pensamiento de la gratitud, María Elena decidió en su día a día prestar menos atención al celular y la televisión, comer con tranquilidad -pensando de dónde vienen los alimentos y agradecer a la naturaleza; correr, porque “el cuerpo es el motor con el que puedo realizar un montón de cosas”; cuestionarse sus actitudes y pensar si fueron adecuadas, pero a la vez permitirse sentir lo que surja;  y esperar por eso que le será dado… que a veces es tan grande como una beca para un master y la solidaridad de mucha gente que la está ayudando para poder concretarlo desde que se quedó sin trabajo.

Sumando voluntades

Diego junto a Sol Toro, Didacta de Biodanza

Diego junto a Sol Toro, Didacta de Biodanza

En el camino, María Elena decidió contar su iniciativa en redes sociales, simplemente como una forma de compartir. Así llegó a ella Diego Mendez Barreto, ingeniero en sistemas que hace tres años se instaló en España. “Sus relatos me inspiraron. Ver cómo una persona que vive de esa manera puede estar conectado con lo más bello del día a día. E incluso, cómo encuentra luz en la oscuridad”, recuerda el argentino.

“Con la gratitud cambié la percepción de algunas cosas. Recuerdo la experiencia de estar pensando en cuestiones de dinero con preocupación. Pero luego soltar, agradecer y que todo tome el curso que debía tomar”, expresa. Por eso, coincide en que uno de los desafíos es observar la oscuridad, saber qué es lo que no queremos en nuestra vida y confiar en el curso de las cosas. “Cuando todo es bonito, es fácil, pero cuando no, la gratitud toma fuerza”.

Diego reconoce además que como extranjero, haber entrado en conexión antes con la gratitud hubiera ayudado a la adaptación de lo que implica vivir en otro país. El joven de 29 años apostó en el último tiempo también a la biodanza, movimiento cuyo principal objetivo es promover el autoconocimiento, y lanzó su propio blog de experiencias “Relatos de vivencia”.

Juan Ignacio Giménez es parte de NAVE (@nave.editora), un proyecto editorial enfocado en la experimentación literaria y gráfica

Por otra parte, Juan Ignacio Giménez, de 27 y dedicado a proyectos creativos, recuerda que experimentó la gratitud en un principio sin nombrarla como tal. “Fue en una experiencia de viaje por Brasil, donde viví una magia y aventura constante. Caminamos con un amigo muchos kilómetros y entre ciudad y ciudad íbamos encontrándonos con situaciones complejas en términos de supervivencia. Como gran parte del trayecto lo hicimos a dedo y no hacíamos todos los trayectos juntos, comencé a darme cuenta cómo de la misma situación extraíamos resultados muy diferentes. Yo estaba tan feliz con lo que estaba haciendo, con el proceso de estar en viaje, que no me molestaba absolutamente nada de lo que pudiera pasar. Entonces sentía en mí esa (ahora puedo llamarla) gratitud que me conectaba con lo que necesitaba a lo largo del día”.

Más tarde también llegó a María Elena y comenzó a practicar la gratitud y el reconocimiento de regalos, todos los días. “Una de las cosas más bellas que me aportó fue la capacidad de seguir penetrando en la valoración de lo que tengo. De lo que tenemos. De lo que todos tenemos a diario y damos por sentado. Me parece que casi siempre esperamos a que una experiencia fuerte nos penetre y cale dentro para despertar un poco y caer en cuenta de lo que estamos haciendo o de cómo nos estamos vinculando con los demás, y recién a partir de ahí pegar una redireccionada. Esto de la gratitud, creo que va más por intensificar esa atención constante y no perder de vista los miles de detalles y cosas increíbles que nos pasan a todos, todos los días”, cierra el argentino.

¿Ideas para empezar?

Uno de los ejercicios que sugiere María Elena es, al despertar, antes que agarrar el celular o cualquier otra cosa regalarte hasta 1 minuto para contemplarte. ¿Cómo? Acá van algunas opciones:

  • Estirate y siente cada parte de tu cuerpo.
  • Quédate en silencio, quiet@ y respira profundo, mínimo tres veces.
  • Ponte de pie lo más rápido que puedas, pon tu música favorita y baila.

¡Elige una forma, combina las tres o inventate una. Pero Despierta, contemplate y AGRADECE el nuevo regalo de estar vivit@ y coleando.

La emprendedora se encuentra ahora escribiendo su diario 2019 y pensando en ayudar con talleres de gratitud a quienes quieran transitar la experiencia. Agradecer multiplica. Das las gracias y te vuelve, en grande, infinitamente. La gratitud es gratis y está ahí siempre para que puedas acceder a ella”.

 

Pasaron por aquí y dejaron su firma...

One Comment:

  1. Lady johanaa

    Hermosa forma de vivir y de experimentar lo que la gratitud hace por nosotros , gracias maria elena por compartir tu experiencia de vida para poder mejorar la nuestra.

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