Motos antiguas y restauración, la pasión de los exploradores

Un grupo de aficionados que fundó un club para compartir su amor por ellas y un mecánico que se dedica a ponerlas a punto son exponentes de cómo “lo viejo” puede tener una nueva vida y movilizar a cientos de personas en salidas, exposiciones y hasta eventos solidarios.

Por Bárbara Dibene

Fotos: aportadas por los entrevistados

En 2011, Javier Simonetti y un grupo de amigos aficionados a las motos antiguas fundaron “Retro Moto Club”. La meta principal era socializar su amor por esos vehículos que ocupaban su tiempo y sus garajes, promover la conservación de los oficios que intervienen en la restauración, participar de eventos temáticos y tener un espacio desde el cual impulsar diversos proyectos.

“Arrancamos en La Plata, Berisso y Ensenada, pero hubo gente que se fue a vivir a otros lugares y que sigue participando”, cuenta Javier a Transeúntes.net. “Hoy por hoy nos juntamos todos los jueves y conformamos un grupo diverso. Hay gente a la que le gusta exponer, participar de eventos solidarios, salir a andar por caminos rurales, charlar. También prefieren estilos distintos, como las italianas, japonesas o inglesas. La más vieja que tenemos es de la década del cuarenta”.

¿Por qué tomarse el enorme y largo trabajo de hacer funcionar una moto que fue construida tantos años atrás? Para Javier se trata de “encontrar una gema, algo que está en potencia. Podés encontrarla tirada y volverla a su estado original. Ese es un placer que sólo puede entender la persona que disfruta esto”.


De forma similar se siente Miguel Clavijo, restaurador de motos antiguas con su taller en La Plata, que considera que “para restaurar algo antiguo hay que tener paciencia. Toma tiempo, investigación y cariño. Yo las hago totalmente a nuevas pero con sus piezas originales”.

Miguel tiene 55 años y se dedica al oficio hace 18. Lo empezó como un hobby, pero cuando muchos de sus amigos consiguieron motos y le pidieron ayuda para arreglarlas, terminó dedicándole al trabajo medio tiempo. Así logró restaurar “gemas” como una Norton inglesa de 550cc de 1949 y una Sian de 48cc de 1958, que le valió en 2015 el 1° premio en la moto mejor restaurada y más original en la exposición Autoclásica, uno de los eventos del sector más destacados del mundo. Allí participó junto al club.

Restaurar significa “poner una cosa en el estado o estimación que antes tenía” e implica que muchos oficios se involucren, también voluntad y mucha dedicación. Miguel puede necesitar de tres meses para “volver a cero” una moto una vez que cuenta con todas las piezas. Pero ese es el mayor desafío, encontrar los repuestos necesarios o los planos para intentar replicarlos.

Javier y Miguel se conocieron en el marco de eventos y restauraciones. “Cuando se viene la Autoclásica le pido a amigos sus motos prestadas para exponer y las pongo a disposición del Club”, cuenta Miguel, que aunque no es socio se mantiene cercano y ayuda anualmente en la organización para participar del evento.

La importancia de preservar

“Retro Moto Club” tiene un ambicioso proyecto. Según cuenta Javier les gustaría crear un museo de motos antiguas y que funcione allí una escuela de oficios. “Para arreglar uno de estos ejemplares se necesitan torneros, electricistas, chapistas, pintores, mecánicos, entre otros. Es un conocimiento que no debería perderse”.

También sobre eso reflexiona Miguel, que cursó sus estudios secundarios en la escuela industrial de 7 y 526. “Aprendimos a manejar metales, a crear cosas. Se enseña el oficio. Por supuesto uno sigue aprendiendo porque cada moto es distinta”. Ese aprendizaje lo comparte hoy día con un joven que lo ayuda hace mucho tiempo y a quien le transmite lo que sabe para que no se pierda.

“Es gracioso que mi padre nunca manejó, solamente andaba en bici”, recuerda Miguel. “Pero yo desde muy joven lo que me regalaban o conseguía lo desarmaba y armaba otra vez. Empecé con ese gustito. Ahora tengo un montón de herramientas, muchas caseras, y la posibilidad de pensarlas y saber cómo hacerlas me la dio la escuela”.

Otro proyecto del Club es conseguir una ley de patentamiento de motos antiguas, ya que actualmente tienen dificultades para el traslado y la circulación. “Se trata de recuperar el patrimonio”, dice Javier y explica que en algunos casos en muy complicado rastrear los papeles de los vehículos, aunque siempre consultan en archivos policiales para chequear que no sea robada. 

“Hay que promover esto porque a la gente le encanta. En las exposiciones nos dicen que le traen recuerdos. Que tal moto la tenía su abuelo, su papá o ellos mismos. Se reencuentran. Y a nosotros nos fascina. El que tiene una moto antigua es para mostrarla y disfrutar que la contemplen”.

Pasaron por aquí y dejaron su firma...

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