Un encuentro casual, una pregunta de orientación y la historia de una promesa cumplida

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 Nota y fotos: Lucía Errecart

Un auto Renault 4L amarillo es estacionado en la entrada del camping del Balneario de Tapalqué. Nosotros hacía unas pocas horas que habíamos llegado allí, estábamos terminando de armar la única carpa  que había en el lugar y organizando la parrilla para la comida de la noche. En ese momento, un señor mayor se acerca a la mesa y con un previo saludo amable, pregunta por el lugar y la posibilidad de pasar la noche.

Tapalqué es una ciudad ubicada en el centro de la provincia de Buenos Aires y cuenta con un balneario, un camping y un parque preparados para que todos los veranos se llene de gente que se acerca de todos lados a disfrutar de la vida al aire libre. Pero este no era el caso, era octubre y el lugar se encontraba vacío, y más aún, a la tardecita cuando las nubes empezaban a cubrir el cielo anunciando una posible tormenta para la madrugada.

aurelio 1“No hay grandes periodistas. Lo que hay son grandes casualidades. Y el buen periodista es el que se da cuenta que le toca vivir una de esas grandes casualidades”. Creo que esta es una buena manera de representarlo: un hombre con muchas ganas de contar su historia y una futura periodista dispuesta a escucharlo.

 Me levanté temprano el sábado y al ver que el día había mejorado, lo llamé a Agustín, mi nieto y acompañante en esta aventura y después de una despedida familiar emprendimos el viaje alrededor de las 10 de la mañana.

 Así empezaba el relato Aurelio de 72 años, que se encontraba reposado en el baúl de su auto mientras invitaba a sentarme en una pequeña banqueta que lo acompaña desde hace mucho en sus días de pesca.

  La idea de este viaje surge porque yo tuve una enfermedad, hace dos años me detectaron cáncer de próstata. Y yo no soy de ir a la misa, siempre la mandaba a mi mujer a que fuera a rezar por mí, pero ella insistía en que fuera yo. Así le prometí a la virgen que si salía a flote de ésta me iba a hacer un viajecito como el que estoy haciendo.

 El recorrido desde la largada en Olavarría hasta llegar a su objetivo en Luján, tiene aproximadamente 400 km. No sólo era eso, sino que ese trayecto lo iba a realizar por calle de tierra: él en bici y su nieto de 22 años por detrás en el auto. 

Esta promesa tiene que tener sacrificio, tiene que ser “tracción a sangre” me dije, por eso el autito viejo que tiene motor y cuatro ruedas, ¿para qué más?Indicaba mientras palmeaba el vehículo a su costado . Tranquilamente podría haberlo hecho con mi otro auto, pero le propuse a Agustín si él estaba dispuesto a conducir “El Monito” (así llamaba al Renault 4L) y a acompañarme, porque yo sólo no me animaba a venir, necesitaba apoyo ya que no soy un muchacho joven (risas). 

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Nadie sabía que iba a realizar esta promesa hasta tres días antes de la salida, que fue mi cumpleaños y reuní a mis hijas, mis nietos, a toda mi familia; les conté y no lo podían creer. ¿Viste cómo son las mujeres que te empiezan a llenar la cabeza? Que estudios de acá, que chequeos de allá y ahí los paré y les afirmé: sin palabras, ya está todo arreglado y ya lo tengo decidido.

 A Aurelio le gusta mucho ir de pesca con amigos y/o familiares, le encanta el campo, andar en la calle y afirma que no aguanta estar encerrado en su casa sentado frente al televisor, prefiere salir y andar al aire libre.

 Necesitaba cuidarme la piel del sol por cuestiones de salud, así que con remera, pantalón largo y una tela con una gorra que tenía en  la cabeza empezamos el viaje rumbo a aquí, Tapalqué. Ahora ya tenemos la carpa armada, nos pudimos bañar y vamos a descansar esta noche y ver mañana por la mañana cómo está el día para salir nuevamente, porque parece que se viene tormenta.

Aurelio, haciendo ademanes con las manos, contaba entusiasmado cada detalle sin dejar nada de lado. Al mismo tiempo le señalaba la conservadora a su nieto y le indicaba que sirva algo fresco para tomar, mientras su cabello blanco demostraba que se empezaba a levantar un poco de viento.

La lluvia que se desencadenó cerca de las 3 am inundó parte del camping de Tapalqué obligando a los acampantes a levantar el equipaje.

  Salimos al mediodía del domingo rumbo a Alvear y llegamos como a las seis de la tarde. El camino tenía mucho barro, nos encajamos y con  una cuerda larga pudimos seguir.  En ese camping los baños estaban fuera de servicio y no pudimos bañarnos a pesar de estar todos embarrados.

 A las 11 hs del lunes emprendimos nuevamente el camino. Tratábamos de secar la ropa y la carpa tendidas sobre el 4L, dado la lluvia de la noche en Tapalqué. Arribamos a Saladillo alrededor de las cinco de la tarde y paramos en un camping, que  creo era de la gente del banco. Unas personas que estaban tomando mate, nos habilitaron el agua caliente y pudimos bañarnos, todo 10 puntos.

El trayecto se achicaba día tras día. Aurelio siempre afirmó que la vida es cortita y hay que vivirla, hay que pelearla y pasarla bien, hay que disfrutar.

 A la tarde temprano del martes entramos en Roque Pérez. Pedimos permiso a algunos vecinos de la zona y acampamos en una de las calles, pero a última hora, cuando ya estábamos bien instalados, llegó una patrulla que nos solicitaron documentación y nos obligaron a retirarnos hacia otro lugar dónde podíamos pasar la noche.

Los tiempos los manejábamos según el camino y los vientos. Gracias a Dios y la Virgen yo físicamente seguía muy bien. Luego de seis horas de bici (siempre por camino de tierra), paramos en un camping espectacular en Navarro… estábamos muy contentos por estar cerca de Lujan (aproximadamente a unos 65 km).

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El jueves salimos alrededor de las 10 hs por Ruta 47 y con el viento a favor llegamos a Luján tipo cuatro de la tarde. ¡No tengo ninguna duda de que la Virgen nos ayudó en todo el viaje!

Tuvimos varios inconvenientes durante el viaje, no llevábamos crique en el auto y en la VTV me dijeron que las cubiertas no estaban útiles para circular. Uno de los días pasó que no quería  arrancar de ninguna manera hasta que pasó un gaucho a caballo y nos ayudó. También perdí los anteojos que  increíblemente los encontré en el camino de tierra luego de haber recorrido como 10 km. 

Ante la presencia de la virgen, Aurelio agradeció la posibilidad de poder cumplir su promesa y, sobre todo,  haber vivido una semana muy intensa e inolvidable junto a su nieto.

Así termina el relato de una de las tantas aventuras de un abuelo, jubilado ferroviario, que se divierte con sus nietas cuando lo disfrazan y le sacan fotos, que tiene amigos por todos lados y que le gusta reírse de sí mismo para disfrutar a pleno la vida. Simplemente, un abuelo mimetizado con el espíritu de su joven nieto.

 

Pasaron por aquí y dejaron su firma...

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