El cambio climático: el desafío es hoy

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¿Qué desafíos presenta el cambio climático?, ¿cómo podemos evitar el peor desenlace? Estos fueron algunos de los interrogantes que se trataron en el Foro Internacional “El Clima está Cambiando” que se realizó el pasado 2 de julio en el teatro porteño Gran Rex. El evento fue organizado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).

 

Fotos y nota por Noel Miranda

La sala del Teatro estaba llena, pero esta vez el motivo de convocatoria no era del todo placentero para el público: todo el día se discutiría sobre el cambio climático. La temperatura de la Tierra está aumentando, su ascenso alcanzó casi 1 grado en los últimos 130 años y la cifra se incrementa rápidamente. La situación a la que llegó la especie humana exige que demos un giro de 180°en la relación con la Naturaleza y tal vez por ello, la concurrencia al Foro Internacional fue numerosa.

La jornada de exposiciones comenzó por la mañana y se extendió hasta las 18.  Con diversos disertantes de distintas áreas especializadas o afectadas,  la problemática se trato desde diferentes aristas: la cuestión energética, la situación de la ganadería y la agricultura, aspectos de adaptación y mitigación, investigaciones científicas, situaciones de catástrofe, economías regionales, seguridad alimentaria, viabilidad y riesgo ante el cambio climático, ordenamiento territorial y los desafíos que se avecinan. Si bien los expositores diferían en el grado de peligrosidad que presenta el problema climático, todos estuvieron de acuerdo en algo: el cambio climático es un hecho del presente, por lo tanto ya está ocurriendo y por ello la importancia de tomar cartas en el asunto es vital. El problema involucra a toda la humanidad, comprende a gobiernos, empresas, científicos y todos los que habitamos la Tierra. “El cambio climático no es un problema del 2050, el cambio climático es hoy” sentenció Rubén Echeverría, Director General del CIAT, al inicio del evento.

 

Pero, ¿de qué hablamos cuando decimos “cambio climático”?

Según el organismo internacional creado por las Naciones Unidas para evaluar el cambio climático, IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, en sus siglas en inglés), el término en cuestión representa una variación en el estado del clima de toda la Tierra que se prolonga a lo largo de los años. Este cambio en el clima puede identificarse mediante estudios científicos que conforman datos comparables que permiten precisar la variación de temperatura en el tiempo. Con respecto a las causas del fenómeno, la Convención Marco sobre Cambio Climático que adoptaron las Naciones Unidas en el año 1992, identifica como responsable directo a la actividad desarrollada por el Hombre, afirmación que hoy es compartida por la comunidad científica entera.

Por su parte, en nuestro país, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se encargó de desarrollar varios artículos al respecto y es alarmante al resultado al que han arribado. En muchos de los casos, si las condiciones no cambian, prevén entre otros efectos, la degradación del suelo y el avance de la desertificación. En nuestro país, el 51% del territorio comprende regiones áridas y semiáridas, y si se incrementa la disminución de la fertilidad de las tierras, nos encontraríamos con nuevas extensiones de tierra improductivas que chocarán directamente con el modo de producción que lleva adelante el sistema en la actualidad. Eso sí sólo observamos las áreas áridas, pero si tenemos en cuenta también las demás regiones, el mapa se complejiza y la crisis se incrementa: inundaciones, derretimiento de glaciares, aumento del nivel del mar, modificaciones en los patrones migratorios de muchísimas especies de animales, por solo mencionar algunas consecuencias.

efecto invernadero para notaPor otro lado, para entender el cambio climático debemos pensar en el flujo de energía constante que existe entre el espacio exterior, la atmósfera terrestre y la superficie del planeta; este flujo se mantuvo en equilibrio durante miles de años creando las condiciones óptimas para el desarrollo humano y de otras miles de especies de animales y plantas. La tierra recibe radiación solar y a su vez emite energía al espacio, gran parte de esta energía es absorbida por los gases de la atmósfera produciendo el efecto invernadero. Finalmente, cuando el equilibrio que da lugar a la vida en la Tierra se rompe, el fluir energético de la atmósfera retiene más calor y la Tierra eleva su temperatura. Estudios científicos calculan el incremento de 4° Celsius para el año 2100, cifra que cambiará drásticamente nuestra supervivencia, pero también la de miles de especies que no tendrán tiempo a adaptarse a los cambios tan veloces.

Para 2050 la comunidad científica calcula que habrá 9 mil millones de humanos en la Tierra y un incremento del nivel del mar en unos 35 centímetros. Acertadamente se afirma que el planeta no podrá soportar el nivel de consumo que llevamos actualmente. Al respecto, el Director Técnico del Programa Iberoamericano de Cooperación en Gestión Territorial, Rafael Echeverri afirmó: “el cambio climático es un hecho indiscutible, aunque lleno de incertidumbre”. En referencia a la encíclica publicada por el Papa Francisco dijo, “El papa nos dice lo que viene diciendo Naciones Unidas desde hace décadas. ¿Cuántos papas necesitaremos entonces para cambiar?”.

 

¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Y, cómo salimos?

2100El paradigma antropocéntrico que venimos desarrollando hace unos pocos cientos de años con mayor intensidad, coloca al ser humano por sobre todas la demás especies. Nos convertimos en amos y señores del planeta. El sistema capitalista que desarrollamos propone un crecimiento infinito dependiendo de elementos finitos, pensar el desenlace de tan mala interpretación es hasta una cuestión de simple sentido común. La lógica corporativista que busca la mayor rentabilidad en el menor tiempo posible, ve en la Naturaleza “recursos” a extraer con el fin de ganar más dinero, tanto es así que hemos consumido (quemado) más de la mitad de los combustibles fósiles que posee la Tierra. Es decir, que en unos pocos años utilizamos elementos que a la Tierra le llevo millones de años generar. Y podemos afirmar que el mal es por partida doble, por un lado, el problema de depender energéticamente de elementos que la Naturaleza sintetizó en millones de años y consumirlos a un ritmo de 160 mil litros por segundo; y por el otro, la contaminación que esa extracción produce en los ecosistemas de vida animal, vegetal y humana.  Es decir, que daña el extraer y daña el consumir.

Por otro lado, podemos detenernos en el hecho de que el Foro “El Clima está Cambiando” haya sido organizado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, demuestra fácticamente que existen contradicciones en la perspectiva desde la cual se observa el problema. Es la Industria ganadera no sólo una de las más crueles acciones que puede realizar el Hombre, sino que además es una de las más contaminantes del planeta. Los rumiantes liberan naturalmente gas metano en su proceso de digestión, el gas metano es reconocido por su facilidad a quedar “atrapado” en la atmosfera aportando así una importante cuota al calentamiento global. En Argentina el porcentaje corresponde al 35% de total de las emisiones producidas. Desde esta perspectiva, no se trata sólo de generar “energías limpias” sino también de transformar la forma de relacionarnos con los demás seres que habitan la Tierra, en muchos casos millones de años antes que nosotros. En el mismo sentido podemos hablar de la agricultura, la gran invención que cambió a la Tierra para siempre y que hoy sufre una transformación que la entrecruza con la tecnología y pone aún más en riesgo el equilibrio del cual pende la supervivencia de la vida tal como la conocemos.

Ricardo-Eugeio-Bertolino-de-la-Red-Arg-de-municipios-frente-al-CC

Pero dentro del marco participativo también existen otras propuestas, podemos nombrar el ejemplo visto en el Foro “El clima está cambiando” de la mano del expositor Ricardo Eugenio Bertolino que comentó el caso de la “Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático”. Al respecto, Bertolino afirmó: “se trata de un grupo de municipios en los cuales sus intendentes firmaron un compromiso para elaborar un plan de acción climática y sus metas de reducción de gases de efecto invernadero a nivel local, y es en eso donde estamos trabajando muy fuertemente”. Además, enfatizó en que: “el desafío reside en cómo cada municipio transforma esa matriz energética y alimentaria a partir de su propio presupuesto y las inversiones que pueda conseguir”. En 2010 sólo dos municipios formaban parte de la Red,  hoy son más de 70 y de diverso carácter: el municipio más chico es La Carolina que tiene trescientos habitantes y el más grande es Rosario con 1 millón y medio de habitantes. Los municipios corresponden a distintas provincias: Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa, San Luis, Catamarca, Buenos Aires, Corrientes, Río Negro, Misiones, Tucumán, Neuquén, Salta y Santa Cruz.
Otro ejemplo, es el caso de la presentación de Carolina Bondolich, Directora de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Que expuso sobre el aporte energético que puede proporcionar el cultivo de maíz a las necesidades actuales, teniendo en cuenta que el consumo de petroleo para producir energía nos lleva a un conflicto eminente de contaminación y escases, la Directora Bondolich argumentó como una posible alternativa energética el cultivo de maíz, proponiendo una nueva manera de interpretar los beneficios del maíz al generar energía de manera limpia y renovable. Al respecto la expositora dijo:” el maíz es energía para las personas, pero también lo puede ser para los medios de transporte, para nuestras casas, para iluminarnos, para calentarnos”. Además, mencionó: “del total de necesidades energéticas actuales, sólo el 10 % se produce con alimentos”.
En este sentido -más allá de las salvedades que podemos realizar a la producción a escala industrial de la producción de maíz (o cualquier otro alimento)- es interesante saber que existen otras alternativas energéticas que son limpias, prácticamente inagotables y en muchos de los casos ( a pesar de la pesadumbre capitalista), son gratuitas.

El tema es complejo y queda claro que se trata del desafío más grande que se le ha presentado hasta el momento a la humanidad. Ya no basta con debatir o no arrojar papeles al piso. Estos tiempos ameritan transformaciones profundas a nivel individual y colectivo. Podemos seguir justificando nuestras acciones que atentan contra la vida del planeta (que es nuestra única casa) o podemos elegir tomar acciones concretas para cambiar el desenlace crítico que se nos presenta.

Cada uno de nosotros deja una huella en su paso por la Tierra, que esa huella no sea el reclamo de nuestros hijos, sino la esperanza de los que vendrán.

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