El Motoarrebatador, la película tucumana que conquistó todas las pantallas

La primera película en solitario de Agustín Toscano fue íntegramente grabada en Tucumán y tras su paso por la selecta Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, se aseguró su exhibición en todo el país y puede verse online en Cine.ar. En una conversación con Transeúntes, el director cuenta la historia detrás del éxito.

Por Álvaro Vildoza
Fotos: Facebook oficial de El Motoarrebatador

 

La periferia capitalina, el hospital, la ruta y las afueras verdes y tupidas. Todos los escenarios son tucumanos. El Motoarrebatador, de Agustín Toscano, plantea una historia llena de complejidades y grises, pero de manera ágil, a veces -varias- cómica, y con un gran trabajo actoral. Tras cuatro años de desarrollo, varios premios obtenidos en el medio y un estreno comercial multisala tradicional, la película se encuentra recorriendo Espacios Incaa y festivales fuera y dentro del país.

La trama arranca con un robo. Miguel y un amigo, a bordo de una moto, arrastran por la vereda a Elena hasta quitarle la cartera y el dinero recién extraído de un cajero. En las afueras, se reparten lo obtenido y desechan el resto, pero Miguel no puede con la culpa. Regresa y busca en el hospital a Elena, que perdió la memoria luego del ataque. Allí comienza su relación, inventada, de sobrino y tía. La casa de la mujer, además, cobra protagonismo ya que allí se refugia Miguel, recién separado de la madre de su hijo.

“A esta película la empecé a escribir en esta casa donde vive Elena y se mete Miguel. Esa es la casa de mi abuela, que falleció y yo entré como cuidador/casero y vivía en un límite en el que no se entendía bien si yo era el dueño de la casa o un okupa y desde ese lugar se me ocurrió esa historia”, cuenta Toscano a Transeúntes. El guión tuvo una docena de versiones, y fue creciendo a partir de los ida y vuelta que tuvo con los productores, los actores y con las tutorías que el proyecto ganó en laboratorios y festivales gracias al trabajo de las dos casas productoras Rizoma y Murillo Cine, que apostaron e invirtieron en él.

Agustín Toscano, el director, arriba de la moto

La dupla actoral de Sergio Prina y Liliana Juárez, que ya trabajó en el celebrado largometraje Los Dueños (disponible gratis en Cine.Ar) que Toscano co dirigió con Ezequiel Radusky, es sólida y precisa a la hora de los diálogos. Las expresiones en sus conversaciones juegan sutilmente con la tensión que aumenta mientras avanza su relación. Es que son ellos parte fundamental del desarrollo de la escritura de las escenas, proceso que Toscano describe como seductor y divertido: “los diálogos y las pequeñas situaciones, lo más sutil, lo busco en los ensayos con los actores, en reuniones en las que tiran frases que son increíbles, como cuando Liliana le preguntó en el ensayo al que hace de Miguel: “¿Y yo fumo?” y se me ocurrió todo lo que tiene que ver con eso”. Además, el director confiesa que nunca hubiera escrito esta película sino hubiera sido pensando en que Sergio y Liliana actuarían en ella, “está inspirado en sus formas de actuar, de mantener ambigüedades que me encantan. Es un guión muy co escrito con los actores”.

A los 18 años, Agustín Toscano ingresó a la Universidad Nacional de Tucumán para estudiar teatro. Se licenció y trabajó como actor y director. El séptimo arte siempre le había interesado pero fue recién cuando se abrió la escuela de cine en la UNT cuando cambió su mirada, de espectador a realizador. En 2013 co dirigió Los Dueños, su primer largo, y descubrió que en rodaje se siente mucho más cómodo con los actores, dando las marcaciones y ensayando antes de cada toma. En El Motoarrebatador, co producida con Uruguay, el trabajo técnico estuvo a cargo de especialistas charrúas que Toscano eligió con cuidado, por su experiencia. “Como yo me dedico más a la actuación que a la puesta en escena, necesitaba unos colaboradores bien afilados para cuando llegue el momento de la puesta. Pongo al equipo técnico al servicio del elenco y todos discuten las escenas, es muy divertido el método porque es mucho más parecido al del teatro que al del cine”.

Tucumán en pantalla grande

Un paro de la policía provincial es el marco social en el que se desarrolla El Motoarrebatador. Donde hay un laissez faire temporario, Miguel se encuentra tironeado entre la culpa, el cuidado de su hijo y las exigencias de su compañero delictivo. En el medio, recorre la ciudad en moto, entra y sale de la urbanidad de San Miguel de día y de noche.

La mayoría de las locaciones elegidas para grabar no fueron céntricas, pero eso no impidió que cuando se rodó en lugares más poblados, la gente se detuviera a mirar y hasta quisiera participar como extra.

Con cinco semanas en cartel en Tucumán (el 70% de los espectadores totales la vio allí), la película generó una reacción muy positiva en el público, que llenó salas y adoptó el ritual de aplaudir al final de la proyección. También disparó en algunos una necesidad de producción artística que se tradujo en obras literarias y plásticas. “Hay algo en el gesto de la película con el público que invita a un debate, un movimiento de los sentimientos, de golpe algo pasa con eso. He sentido que eso pasa a nivel provincia, hay una sensibilidad de provincia que está buena y que a veces se transforma”, dice Agustín.  

El modo de hablar, los paisajes y las calles en pantalla grande generaron una empatía en los espectadores que Agustín sintió cuando vio por primera vez La Ciénaga, la película de Lucrecia Martel, tiempo después de su estreno: “Quedé muy sorprendido de estar escuchando algo tan parecido al habla de mi grupo familiar, y de mis vecinos. Es sorprendente la radiografía del norte, cómo te llega por un lugar que ni te lo esperás”. La Ciénaga es también, para el realizador, la llave que daría inicio a las olas de cine cordobés, rosarino, por fuera de Buenos Aires. Aunque sostiene que nunca dejó de ser difícil hacer algo en una provincia, recomienda que si alguien desea comenzar un trabajo de estas características, lo haga con lo que tiene a su alcance, contando las historias de su lugar. “No es que crea que en Tucumán esté la quinta esencia de nada pero sí me encanta contar historias tucumanas, nunca lo voy a dejar de hacer”.

Cannes como ventana al mundo

“Si a él le gusta, es por algo. Hay que confiar”, se dijeron Agustín y los productores cuando supieron que el programador de la prestigiosa muestra en Cannes “Quinzaine des Réalisateurs” había visto una copia no del todo terminada en un cine y había pedido reservarla, a pesar de no tener decidida toda la selección. Eso quería decir bajar las candidaturas a otros festivales prestigiosos y esperar que la decisión desde Francia les asegurara este estreno tan importante. La experiencia de Los Dueños en la Semana de la Crítica en el mismo festival años antes había generado un deseo no manifiesto de repetir el honor. Finalmente sucedió.

“Esa experiencia es maravillosa -recuerda el director-. Que la película esté ahí hace que luego se la programe en un montón de festivales, se venda a un montón de marcados. Es una suerte para una película como la nuestra, que es tan chica, en realidad, de producción, que tenga una exhibición tan importante porque te posiciona a nivel mundial de otra forma. Sino, quedaría como una película muy pequeña”.

El Motoarrebatador se vendió en Francia, se está negociando en territorios como India y China, fue seleccionada en festivales en Japón, en San Sebastián, Santiago de Chile, Lima, y en muchos festivales argentinos como el de Jujuy, San Juan, Puerto Madryn, Bariloche, en una verdadera “escala federal”, con invitaciones a todas las regiones del país y proyecciones en los Espacios Incaa.

Además, el estreno online en la plataforma Cine.Ar posibilita que mucha gente pueda disfrutar la película en alta definición en cualquier momento por sólo 30 pesos. “El otro tipo de estreno, que teníamos antes, es totalmente discriminatorio con la gente que no puede pagar, que no puede salir de su casa, que no tiene cine, que no puede viajar. La mayoría de las veces no podemos ir al cine. Ir al cine es un placer que nos damos algunos que trabajamos en eso y otros que les gusta mucho pero que no es normal. Menos en esta época donde tenemos muchísimas películas para ver, amontonadas. A mí me encanta que la gente vaya al cine, promociono que mi película se vea en ese nivel pero me parece que el gran cambio que hubo desde Los Dueños hasta ahora es notorio. La posibilidad de que la vean en casi cualquier lado se transforma en una solución para miles de problemas”, concluye Agustín.

Con residencia en Lomas de Zamora, el actor y realizador tucumano tiene sueños que quiere transformar en películas pero todavía ninguno está en pre producción. Los escenarios son diversos y las fronteras se ampliaron más allá de su provincia natal. Por ahora, el boca a boca y las nuevas posibilidades tecnológicas lograrán que sus películas lleguen cada vez más lejos.

Pasaron por aquí y dejaron su firma...

Alvaro Vildoza

Periodista y explorador audiovisual en Internet, siempre buscando hacer de Transeúntes, un sitio web innovador en la forma de contar el mundo.

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